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Los mares de la Hispanidad · 1539–1542

El primer europeo que cruzó el Misisipi se llamaba Hernando de Soto

Se metió con un ejército entero por el corazón desconocido de Norteamérica y anduvo miles de kilómetros por bosques, pantanos y ríos que ningún europeo había visto, hasta llegar al Misisipi y cruzarlo. Fue una de las mayores exploraciones terrestres de la historia. Y fue también una expedición cruel, que dejó a su paso un rastro de sangre que es honesto no callar. Esta es la historia completa, con sus dos caras.

s. XVI6 min de lectura
«El descubrimiento del Misisipi por De Soto»
«El descubrimiento del Misisipi por De Soto», de William H. Powell: una visión romántica del siglo XIX del momento en que la expedición alcanzó el gran río. Óleo, dominio público
Fecha
1539 – 1542
Expedición al interior de Norteamérica
Lugar
Del sureste de EE. UU. al Misisipi
Florida, Georgia, Alabama, Misisipi...
Resultado
Primer cruce europeo del Misisipi
A un altísimo coste humano

El origen de la historia

Hernando de Soto había nacido pobre en Extremadura, hacia 1500, y había hecho lo que hacían tantos hijos de aquella tierra dura: buscarse la vida en las Indias. Y la encontró, con creces. Participó en la conquista del Perú junto a Pizarro, estuvo en Cajamarca y en el reparto del fabuloso rescate de Atahualpa, y volvió a España convertido en un hombre riquísimo. Podría haberse retirado a vivir como un señor. Pero le pasaba lo que a muchos de su clase: la riqueza no le bastaba. Quería un reino propio que conquistar, gobernar y legar.

Lo buscó en el norte. La Corona lo nombró gobernador de Cuba y adelantado de la Florida, con licencia para conquistar y poblar el enorme y desconocido interior de Norteamérica. Se rumoreaba que allá dentro, más allá de los bosques, había otro Perú, otro imperio lleno de oro esperando a su conquistador. De Soto lo creyó, invirtió su fortuna entera y reunió una expedición poderosa. En 1539 desembarcó en Florida y se adentró en un continente del que no existían mapas. No volvería a salir de él.

Lo que estuvo en juego

Las cifras de una marcha imposible

la expedición cruza el río Misisipi, la primera vez que lo hacen europeos
recorridos a pie por el interior de Norteamérica en cuatro años de marcha
De Soto muere de fiebre; su cuerpo se hunde en el río que había descubierto
¿Dónde ocurrió?
Misisipi

Miles de kilómetros hacia dentro

Lo que siguió fue una de las mayores exploraciones terrestres jamás emprendidas. Durante cuatro años, De Soto y su gente caminaron por el interior de lo que hoy son Florida, Georgia, las Carolinas, Tennessee, Alabama, Misisipi, Arkansas y más allá: unos seis mil kilómetros a pie por bosques infinitos, pantanos, montañas y grandes ríos que ningún europeo había visto. Atravesaron los territorios de decenas de pueblos indígenas —las sociedades de los constructores de montículos, los cacicazgos del Misisipi—, culturas complejas, con ciudades, templos y jefes poderosos, de las que hoy sabemos, en buena parte, gracias precisamente a las crónicas de esta expedición.

Y en 1541 llegaron a la orilla del gran río: el Misisipi, el «Padre de las Aguas», tan ancho que apenas se veía la otra orilla. De Soto y sus hombres construyeron balsas y lo cruzaron: la primera vez que unos europeos ponían el pie al otro lado de aquel coloso. Fue el hallazgo geográfico que dio sentido, a los ojos de la historia, a todo el viaje. Pero para entonces el sueño del «otro Perú» ya se había deshecho: no había imperio de oro, solo tierra, ríos y pueblos que defendían lo suyo.

La otra cara: la crueldad

Y aquí hay que detenerse y contar la verdad sin adornos. La expedición de De Soto fue también una de las más crueles de cuantas recorrieron América. A su paso, secuestraba a los caciques para asegurarse el paso y la comida, esclavizaba a hombres y mujeres para que cargaran el bagaje, castigaba con mutilaciones y sembraba el terror para imponerse. En lugares como Mabila, en la actual Alabama, un choque con los indígenas terminó en una matanza espantosa, con miles de muertos.

Y hubo un asesino invisible aún peor: las enfermedades. La expedición, sin pretenderlo, fue dejando a su paso los gérmenes europeos —la viruela y otras pestes— contra los que aquellos pueblos no tenían defensas. En las décadas siguientes, esas epidemias arrasaron las sociedades del Misisipi que De Soto había atravesado. Cuando otros europeos volvieron por allí, un siglo y medio después, muchas de aquellas ciudades y cacicazgos habían desaparecido. La expedición no solo exploró aquel mundo: contribuyó, con la espada y sobre todo con el contagio, a destruirlo.

De Soto murió de fiebre en 1542, a orillas del propio río que había descubierto. Sus hombres, que habían hecho creer a los indígenas que su jefe era un ser inmortal, hijo del sol, ocultaron su muerte: enterraron primero el cuerpo en secreto y luego, temiendo que lo descubrieran, lo hundieron de noche en el Misisipi. El descubridor del gran río acabó sepultado en sus aguas, sin tumba y sin nombre. Los supervivientes, hambrientos y perdidos, lograron al fin descender el río hasta el mar y llegar a México, contando una historia que parecía imposible.

Lo que sintieron

Hay que imaginar a aquellos hombres cuatro años dentro de un continente sin salida, cada vez más lejos de todo lo conocido, viendo desvanecerse el sueño de oro que los había llevado allí y sin poder ya volver atrás. Marchaban por lo desconocido absoluto, sin saber qué había tras la próxima colina ni si volverían a ver el mar. Ese vértigo —el de estar irremediablemente perdidos en la inmensidad— tuvo que ser aplastante. Muchos no lo soportaron; casi la mitad de la expedición murió por el camino.

Pero sería deshonesto contar solo su odisea y callar la de los otros. Porque para los pueblos que vivían en aquellas tierras, la llegada de De Soto no fue una aventura: fue una catástrofe. El miedo, el dolor y la pérdida estuvieron sobre todo del lado de los que ya estaban allí y vieron irrumpir en su mundo a unos extraños que secuestraban, esclavizaban y, sin saberlo, traían la muerte en el aliento. Entender lo que sintieron aquellas gentes es tan parte de esta historia como entender a los expedicionarios. Solo contando las dos cosas se cuenta la verdad.

Descubrió un río inmenso y dejó tras de sí un rastro de sangre. Las dos cosas son verdad, y ninguna borra a la otra.

Síntesis de la expedición de Hernando de Soto interior de Norteamérica, 1539–1542
Quiénes estuvieron allí

Personajes destacados

Hernando de Soto
Hernando de Soto
Adelantado de la Florida

Conquistador extremeño enriquecido en el Perú. Su expedición cruzó el interior de Norteamérica y descubrió el Misisipi, dejando tras de sí una hazaña geográfica y una estela de crueldad. Su efigie más difundida es un grabado posterior.

c. 1500 – 1542

Por qué importa

Porque el interior de los Estados Unidos —ese vasto sureste de bosques y ríos— fue recorrido por primera vez por europeos que hablaban español, casi un siglo antes de que llegaran los colonos ingleses. El Misisipi, símbolo de la América profunda, lo cruzaron primero unos extremeños perdidos buscando un imperio que no existía. Es un capítulo enorme de la historia de aquel país, y suele faltar por completo en el relato habitual.

Pero recordarlo obliga a contarlo entero, y este es de los que exigen valor para mirarlos de frente. La expedición de De Soto fue una hazaña geográfica descomunal y, a la vez, una historia de crueldad y de destrucción de pueblos enteros. Quien solo cuente la gesta miente por omisión; quien solo cuente el horror, también. La historia honesta las sostiene juntas, sin leyenda rosa que dore la sangre ni leyenda negra que borre la proeza. Ese es el respeto que se les debe a todos los que estuvieron allí —a los que llegaron y a los que ya vivían— y la única manera digna de que el pueblo de seiscientos millones de almas mire este pedazo difícil de su pasado.