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Defensas de la civilización · 1574

Codo con codo por Manila: la defensa contra Limahong

Apenas fundada Manila, un temible señor de la guerra chino, el pirata Limahong, se propuso arrebatársela a España con una flota de sesenta juncos y miles de hombres. Enfrente tenía una guarnición ridícula: unas decenas de soldados españoles. Pero no estaban solos: junto a ellos pelearon los propios filipinos, defendiendo la ciudad que ya sentían suya. De aquella resistencia imposible nació algo más que una victoria: nació la hermandad de dos pueblos que, tres siglos después, en Baler, seguirían llamándose amigos.

15745 min de lectura
La catedral de Manila, en Intramuros
La catedral de Manila, en el corazón amurallado de Intramuros: aquí, en 1574, españoles y filipinos rechazaron juntos al pirata Limahong. Foto: Ralff Nestor Nacor (CC BY-SA 4.0).
Monarquía Hispánica · Cruz de Borgoña
Manila
La guarnición española
y los naturales de Luzón
Unas decenas de defensores
Españoles y filipinos, codo con codo
Al mando: Guido de Lavezares · Juan de Salcedo
La flota de Limahong
El mayor señor de la piratería
del mar de China
~3.000 hombres · 60 juncos
Soldados, marinos y colonos
Al mando: Limahong (Lin Feng)
Fecha
Nov. – dic. de 1574
Los dos asaltos, el 29 y el 2
Lugar
Manila y Pangasinán
Isla de Luzón, Filipinas
Resultado
Manila resiste
Nace una hermandad

La Cruz de Borgoña era la enseña de la Monarquía Hispánica; la flota de Limahong no enarbolaba enseña de Estado.

El origen de la historia

Manila apenas llevaba tres años fundada por España (1571) cuando en el horizonte apareció una amenaza formidable. Limahong (Lin Feng) era uno de los mayores señores de la piratería del mar de China: perseguido por el emperador Ming, buscaba un reino propio donde hacerse fuerte, y puso los ojos en la joven y rica Manila. Reunió una flota descomunal —unos sesenta juncos de guerra, dos mil soldados y cientos de colonos— y se lanzó sobre la ciudad, convencido de que la tomaría en un día.

Enfrente, la realidad española era casi cómica de tan pobre: un puñado de soldados, una empalizada endeble y ningún socorro posible a miles de kilómetros. Por toda esperanza, los defensores tenían dos cosas: su propia terquedad y la ayuda de los filipinos del lugar, que ya no veían Manila como una ciudad ajena, sino como la suya.

El escenario

Una bahía recién ganada al mapa del mundo, en el extremo de Asia: Manila, la llave del Pacífico occidental, apenas defendida por una empalizada y la voluntad de los suyos.

¿Dónde ocurrió?
Manila
Lo que estuvo en juego

Las cifras de una defensa imposible

juncos de guerra en la flota de Limahong
asaltantes contra unas decenas de defensores
años tenía Manila cuando resistió lo imposible

Así se desarrolló

29 de noviembre de 1574

El primer asalto

La vanguardia de Limahong, mandada por su lugarteniente japonés Sioco, desembarca y cae sobre Manila por sorpresa. En un combate feroz en las calles, los defensores logran rechazarla. Muere en la lucha el maestre de campo Martín de Goiti, pero la ciudad aguanta.

2 de diciembre de 1574

El segundo asalto

Limahong lo intenta de nuevo, esta vez con todo. El ataque es masivo, pero los españoles y sus aliados filipinos, atrincherados, resisten hora tras hora y hacen tal carnicería que el pirata, asombrado, ordena reembarcar. Manila ha resistido lo imposible.

Diciembre de 1574

La vuelta de Salcedo

El joven capitán Juan de Salcedo —nieto del fundador Legazpi, «el último conquistador»— regresa a marchas forzadas al frente de refuerzos. Su llegada levanta la moral y cambia la campaña: ahora los perseguidores serán los españoles.

1575

El cerco de Pangasinán

Limahong se hace fuerte en un fuerte que levanta en Pangasinán, al norte de Luzón. Salcedo lo sitia durante meses con soldados españoles y guerreros filipinos. Acorralado, el pirata logra escapar por un canal abierto en secreto y desaparece en el mar, pero Filipinas queda libre de su amenaza para siempre.

El desenlace

La defensa de Manila salvó el proyecto español en Asia en su hora más frágil: si Limahong hubiera vencido, la historia de Filipinas —y del Pacífico entero— habría sido otra. Pero lo más importante no fue el resultado militar, sino cómo se ganó: juntos. Aquella no fue una victoria de españoles sobre asiáticos, sino de una ciudad —española y filipina a la vez— que se defendió a sí misma contra un invasor. En el momento del peligro, los de aquí y los de allá descubrieron que ya eran una sola cosa.

No defendían los españoles su ciudad, ni los naturales la ajena: defendían todos la misma casa.

Síntesis del sentido de la defensa Manila, noviembre-diciembre de 1574

Lo que sintieron

Lo que sintieron aquellas pocas decenas de soldados de la recién nacida Manila, al ver acercarse la flota de sesenta juncos y los miles de hombres del pirata Limahong, tuvo que ser algo muy próximo al terror. Estaban solos en el otro extremo del mundo, en una ciudad de apenas unos meses, frente a una fuerza que parecía imposible de contener.

Y sin embargo se quedaron. Con la ayuda de los propios filipinos, resistieron el primer golpe y luego el segundo, hasta hacer desistir al invasor. Debieron de sentir esa incredulidad del que, contando ya con morir, se descubre vivo y dueño todavía de su plaza: la sensación de que a veces la voluntad de no rendirse pesa más que los números.

Por qué importa

Porque la defensa contra Limahong es el primer eslabón de una historia hermosísima: la de la hermandad entre España y Filipinas, la única tierra de Asia que se hizo, durante tres siglos, parte de la familia hispana. En nuestro mapa, 1574 enciende la bahía de Manila — donde una ciudad recién nacida demostró que ya tenía quien la quisiera lo bastante como para morir por ella.

Y esa hermandad, sellada en el peligro, no se rompería jamás. Tres siglos y medio después, en la iglesia de Baler, cuando el imperio ya se apagaba, un general filipino declararía «amigos, y no prisioneros» a los últimos soldados españoles: el mismo abrazo que había empezado aquí, en la defensa de Manila. Hoy Filipinas es una nación asiática, orgullosa y soberana, que ya no habla mayoritariamente español; pero conserva miles de nuestras palabras, nuestros apellidos, nuestra fe y un cariño que asombra a quien lo descubre. Todo eso empezó cuando un puñado de españoles y filipinos decidió, codo con codo, que aquella ciudad al borde del mundo no caería. La hermandad más mestiza y más improbable de la Hispanidad nació peleando en la misma trinchera — y esa es, quizá, la manera más honda en que dos pueblos se hacen para siempre uno.

Quiénes estuvieron allí

Personajes destacados

retrato de época
Juan de Salcedo
Juan de Salcedo
Capitán · «el último conquistador»

Nieto del fundador Legazpi, regresó a marchas forzadas al frente de refuerzos y persiguió a Limahong hasta cercarlo en Pangasinán. Murió a los veintisiete años, agotado por las campañas, dejando su fortuna a sus soldados filipinos.

c. 1549 – 1576
retrato de época
Martín de Goiti
Martín de Goiti
Maestre de campo

Veterano de la conquista de Luzón, cayó en el primer asalto de Sioco, el lugarteniente japonés de Limahong, defendiendo las calles de la ciudad que había ayudado a fundar.

c. 1534 – 1575
retrato de época
Limahong
Limahong
Lin Feng · señor de la piratería

Perseguido por el emperador Ming, buscaba un reino propio y creyó que Manila caería en un día. Rechazado dos veces y cercado después en Pangasinán, escapó por un canal abierto en secreto y desapareció para siempre en el mar.

s. XVI