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Los mares de la Hispanidad · 1592–1650

La monja que se hizo soldado y cruzó un imperio: Catalina de Erauso

Escapó de un convento con quince años, se cortó el pelo, se cosió una ropa de hombre y desapareció. Reapareció al otro lado del océano convertida en soldado del rey, batiéndose en las guerras de Chile, jugándose la vida en duelos y tabernas. Cuando por fin se supo que era mujer, el mundo, en lugar de condenarla, se rindió a su leyenda: el rey le pagó una pensión y el Papa le dio permiso para seguir vistiendo de varón. Esta es su historia.

s. XVII6 min de lectura
Retrato de Catalina de Erauso, la Monja Alférez
Catalina de Erauso, «la Monja Alférez» (c. 1592–1650). El célebre retrato de época que fijó su leyenda: rostro de mujer, cuello y vestir de soldado. Retrato de dominio público
Fecha
c. 1592 – 1650
Del convento a las Indias
Lugar
San Sebastián, Chile, Perú
Y España, Roma y México
Resultado
Pensión del rey y bendición del Papa
Una leyenda en vida

El origen de la historia

A finales del siglo XVI, el destino de una niña de buena familia estaba escrito casi antes de nacer: matrimonio concertado o convento. No había una tercera puerta. A las hijas que sobraban en el reparto de las herencias se las «guardaba» en un monasterio desde muy pequeñas, y allí debían pasar la vida entera, tras la reja, rezando por los demás. Era el orden natural de las cosas, y a casi nadie se le ocurría discutirlo.

A Catalina de Erauso, nacida hacia 1592 en San Sebastián, la metieron en un convento de niña, como a tantas. Pero ella no estaba hecha para aquello. Antes de pronunciar los votos definitivos que la habrían encerrado para siempre —tenía unos quince años—, hizo lo impensable: se escapó. Y no se escapó para casarse ni para volver con su familia, sino para algo que ninguna mujer de su tiempo tenía permitido siquiera imaginar: para vivir su propia vida, en el ancho mundo, como un hombre.

Lo que estuvo en juego

Las cifras de una vida imposible

tenía cuando se fugó del convento, antes de profesar los votos definitivos
hacia esta fecha se descubre su secreto tras años de vida como soldado en el Nuevo Mundo
el papa Urbano VIII le concede permiso para seguir vistiendo de hombre
¿Dónde ocurrió?
Chile

De San Sebastián a las guerras de Chile

Fuera del convento, Catalina se transformó. Se cortó el pelo, se cosió ropa de varón con los propios hábitos y adoptó nombres de hombre. Así vestida, y sin que casi nadie sospechara, anduvo por España sirviendo a distintos amos, hasta que se embarcó rumbo a las Indias. Al otro lado del océano, en el Nuevo Mundo, hizo lo que hacían los hombres jóvenes sin fortuna: se alistó como soldado del rey.

Combatió en las duras guerras del sur de Chile, en el frente de Arauco, donde el imperio llevaba décadas enfrentado a los indomables mapuches. Se ganó el grado de alférez —el que llevaba la bandera de la compañía, un puesto de honor y de peligro— y con él el apodo que la haría célebre para siempre: la Monja Alférez. Fue, por lo que sabemos, valiente hasta la temeridad; y también pendenciera, jugadora y de mano rápida con la espada. Su vida en las Indias fue un rosario de peleas, duelos y fugas de la justicia. Según su propia memoria —un relato fascinante, pero cuya veracidad los historiadores discuten—, llegó a matar a varios hombres en riñas, y una noche, sin saberlo, dio muerte en un duelo a oscuras a su propio hermano. Cuánto hay de cierto y cuánto de leyenda en esos episodios no se puede saber del todo.

Buena parte de lo que se cuenta de Catalina de Erauso procede de una autobiografía, la «Historia de la Monja Alférez», cuya autoría y exactitud siguen debatiéndose. Por eso hay que leerla con cautela: mezcla hechos documentados con episodios probablemente adornados. Lo seguro es lo esencial —vivió como hombre, fue soldado, el rey y el Papa la reconocieron—; los detalles más novelescos son eso, detalles a los que conviene poner un asterisco.

El secreto revelado

Todo se vino abajo —o se transformó— cuando, malherida y creyéndose cerca de la muerte tras un lance, Catalina pidió confesión y le reveló a un obispo su secreto: era mujer, y además había salido de un convento sin profesar. La confesión corrió como la pólvora. Una revisión confirmó que, en efecto, era mujer. La noticia fue una bomba: el bravo alférez de las guerras de Chile era una monja fugada.

Y aquí viene lo más asombroso. En lugar de castigarla con dureza, la sociedad de su tiempo se rindió a su historia. Volvió a Europa convertida en una celebridad. El rey Felipe IV la recibió y le concedió una pensión por sus servicios de soldado. Viajó a Roma, y el papa Urbano VIII, tras escuchar su increíble relato, hizo algo insólito: le dio permiso oficial para seguir vistiendo de hombre el resto de su vida. Una fugitiva del convento acabó con el reconocimiento del rey y la bendición del Papa.

Lo que sintió

Es difícil, a cuatro siglos de distancia, saber qué había en el corazón de Catalina de Erauso. Pero cuesta no admirar el arrojo de aquella adolescente que, encerrada en un destino de por vida, decidió que no lo aceptaba. En un mundo que solo le ofrecía la reja o el matrimonio, ella se inventó una tercera vida a fuerza de tijera, aguja y coraje, y la sostuvo durante décadas cruzando un océano y unas guerras. Sea cual sea la lectura que hoy hagamos de su historia, lo que la mueve es reconocible: las ganas feroces de existir por cuenta propia.

Hay que imaginar también el vértigo permanente de su vida: el miedo constante a ser descubierta, la tensión de fingir cada día, la soledad de un secreto que no podía compartir con nadie. Y, al final, la extraña libertad de que ese secreto, una vez revelado, en lugar de hundirla la volviera legendaria. Murió hacia 1650 en México, ganándose la vida como arriero, con nombre de hombre, dueña por fin de una identidad que se había fabricado a sí misma contra todo pronóstico.

El rey le pagó como a un soldado y el Papa la bendijo como a una mujer: nadie supo muy bien qué era, salvo que era libre.

Síntesis de la vida de la Monja Alférez a partir de su historia documentada y legendaria
Quiénes estuvieron allí

Personajes destacados

Catalina de Erauso
Catalina de Erauso
«La Monja Alférez» · soldado

Vasca de San Sebastián. Huyó de un convento vestida de hombre y vivió como soldado del rey en las guerras de Chile y el Perú. Su vida, medio historia y medio leyenda, asombró a su siglo.

c. 1592 – 1650

Por qué importa

Porque la historia de Catalina de Erauso rompe el molde con el que solemos imaginar aquel mundo. Nos lo pintan como una jaula uniforme donde todos, y sobre todo todas, tenían su lugar marcado y no había escape. Y de pronto aparece esta vasca imposible que se escapa del molde entero: monja que se hace soldado, mujer que vive como hombre, fugitiva que acaba recibida por el rey y por el Papa. Su existencia demuestra que aquella sociedad, con todos sus muros, también tenía rendijas por las que se colaba lo extraordinario.

Y merece contarse con honestidad, sin convertirla ni en heroína de bandera ni en curiosidad de feria. Fue valiente y también violenta; su relato mezcla verdad y leyenda; su vida no cabe entera en ninguna de las etiquetas que hoy le pondríamos. Precisamente por eso fascina: porque fue un ser humano irreductible, imposible de encasillar, que se abrió camino a codazos por un imperio. El pueblo de seiscientos millones de almas que hoy comparte su lengua tiene en ella una de sus figuras más singulares, y hace bien en recordarla tal como fue: asombrosa y contradictoria, es decir, verdadera.