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Encuentros y hazañas · 1735

Medir el planeta en la mitad del mundo: la geodesia de Quito

En el siglo XVIII, Europa discutía una pregunta enorme: ¿qué forma tiene exactamente la Tierra, achatada por los polos o por el ecuador? Para responderla no bastaban los cálculos: había que ir a medir un pedazo del meridiano justo sobre la línea del ecuador. Y esa línea pasaba por los Andes de Quito. Allí, durante casi diez años, un equipo de sabios franceses y dos jóvenes oficiales españoles midieron montaña a montaña la curvatura del planeta — y de paso le dieron a un país su nombre: Ecuador, la mitad del mundo.

1735–17446 min de lectura
Los Andes de Quito, donde se midió la Tierra
El volcán Cotopaxi, en los Andes de Quito: parte del laboratorio natural donde se midió la forma del planeta. Foto: Bernard Gagnon (CC BY-SA 3.0).
Fecha
1735 – 1744
Casi diez años de mediciones
Lugar
Andes de Quito
Sobre el ecuador · hoy Ecuador
Resultado
La forma real de la Tierra
Y el nombre de «Ecuador»

El origen de la historia

A principios del siglo XVIII, la ciencia europea estaba dividida por una pregunta que hoy parece de niños y entonces era capital: ¿la Tierra es una esfera perfecta, o está deformada? Newton sostenía que giraba tan deprisa que debía estar achatada por los polos y abombada por el ecuador. Otros, en Francia, defendían lo contrario. La única forma de zanjarlo era medir con precisión la longitud de un grado de meridiano en dos lugares muy distintos: uno cerca del polo y otro justo en el ecuador.

El punto ecuatorial más adecuado del planeta estaba en los Andes de la Audiencia de Quito, territorio de la Monarquía Hispánica. La Academia de Ciencias de París organizó la expedición, pero para entrar en tierras españolas necesitaba el permiso del rey de España — que lo dio con una condición: que fueran también dos oficiales de la Armada española a participar y a vigilar. Eligieron a dos jóvenes brillantes de poco más de veinte años: Jorge Juan y Antonio de Ulloa. Fue una de las mejores decisiones científicas de la historia de España.

Lo que estuvo en juego

Las cifras de una cordillera medida a mano

de meridiano medido cumbre a cumbre, sobre el ecuador
de altura: un laboratorio hecho de volcanes
españoles de veintipocos años, a la altura de Europa

El escenario

Una cadena de volcanes a tres mil metros, justo sobre la línea del ecuador: el laboratorio al aire libre donde se pesó, literalmente, el planeta.

¿Dónde ocurrió?
Quito

Así se desarrolló

1735–1736

El viaje al centro del mundo

La expedición cruza el Atlántico, desembarca en Cartagena y llega, tras un viaje agotador, a Quito. Allí, a casi tres kilómetros de altura y sobre la mismísima línea del ecuador, montan su laboratorio al aire libre: la cadena de volcanes de los Andes.

1736–1739

Triangular una cordillera

Durante años miden, cumbre a cumbre, una enorme red de triángulos que baja desde Quito hasta Cuenca. Suben volcanes, aguantan el frío, el mal de altura y las tormentas, calculando ángulos con una precisión asombrosa. Es una de las mayores hazañas técnicas de su siglo.

Los años difíciles

Ciencia contra la adversidad

La expedición sufre de todo: falta de dinero, pleitos, un motín, la muerte de compañeros, hasta un asesinato. Jorge Juan y Ulloa, además, tienen que interrumpir el trabajo para ayudar a defender la costa del Pacífico de los ataques ingleses. La ciencia se hace, aquí, a pulso y contra el mundo.

1744

La respuesta y el tesoro extra

Las mediciones confirman a Newton: la Tierra está achatada por los polos. Y hay premios inesperados: en los ríos de la zona, los españoles describen por primera vez para la ciencia un metal nuevo y rarísimo, el platino. Ulloa se convierte en su primer divulgador.

El desenlace

La expedición resolvió una de las grandes preguntas de la ciencia y dejó una huella imborrable. De aquella línea del ecuador tan medida nació, con el tiempo, el nombre del país que hoy la ocupa: Ecuador, la mitad del mundo. Jorge Juan y Antonio de Ulloa volvieron convertidos en dos de los mayores científicos de la España del XVIII: Jorge Juan reformó la construcción naval y las matemáticas del país; Ulloa fundó museos y observatorios y gobernó territorios. Y su informe secreto sobre el estado de América, encargado por el rey, fue tan sincero y tan crítico que se convirtió en una joya de la autocrítica ilustrada.

Fuimos a medir la Tierra, y medimos también, de paso, hasta dónde llega la tenacidad de los hombres.

Conciencia Hispana Síntesis del espíritu de la Misión Geodésica

Lo que sintieron

Jorge Juan y Antonio de Ulloa tenían poco más de veinte años cuando se vieron a casi tres mil metros de altura, ateridos de frío en unos volcanes al otro lado del mundo, midiendo ángulos durante meses que se hicieron años. Debió de pesarles la lentitud desesperante del trabajo —una cadena de triángulos que no acababa nunca—, y también la mezcla agridulce de sentirse a la vez oficiales del rey y aprendices de unos sabios franceses que llevaban la voz cantante. Aguantaron el mal de altura, los pleitos, un motín y hasta la muerte de compañeros sin abandonar la tarea.

Pero cuesta creer que no sintieran, por debajo del agotamiento, un orgullo tranquilo: el de dos jóvenes venidos de España que se medían, cumbre a cumbre, con lo más granado de la ciencia europea, y no quedaban por debajo. Aquellas cordilleras no eran un desierto vacío —las habitaban pueblos andinos que los vieron subir y bajar con sus instrumentos—, pero para la ciencia eran territorio por descifrar, y el planeta entero esperaba su respuesta. Salir de allí con ella, y de paso con un metal nuevo bajo el brazo, tuvo que saberles a hazaña ganada a pulso.

Por qué importa

Porque esta historia hace añicos otro tópico: el de que la ciencia de la Ilustración fue cosa solo de Francia e Inglaterra. La medición de la forma del planeta se hizo en tierra hispana, con permiso del rey de España y con dos sabios españoles en el equipo, que además regalaron al mundo el platino. En nuestro mapa, la cadena de triángulos enciende los Andes de Quito: el lugar donde se midió, literalmente, la Tierra.

Y encierra dos orgullos que son de todos. El primero es de Ecuador: pocos países pueden decir que llevan en su nombre una hazaña científica universal, la de estar en «la mitad del mundo» donde se pesó el planeta. El segundo es de toda la Hispanidad: aquellos dos jóvenes oficiales, Jorge Juan y Ulloa, demostraron que del mundo hispano también salían mentes de primer orden, capaces de codearse con los mejores de Europa y de superarlos. La imagen lo dice todo: sabios de dos naciones, subiendo juntos los mismos volcanes para responder una pregunta que era de la humanidad entera. La ciencia no tuvo banderas en aquellas cumbres — pero el suelo que la hizo posible, y dos de las cabezas que la lograron, hablaban español.

Quiénes estuvieron allí

Personajes destacados

Jorge Juan
Jorge Juan
El sabio de la Armada

Oficial de la Armada con poco más de veinte años cuando midió los Andes. Volvió convertido en uno de los mayores científicos de la España del XVIII: reformó la construcción naval y las matemáticas del país. «El sabio español» por antonomasia.

1713 – 1773
Antonio de Ulloa
Antonio de Ulloa
El primer cronista del platino

El otro joven oficial de la expedición. Describió por primera vez para la ciencia el platino, halló museos y observatorios y gobernó territorios. Su informe secreto sobre el estado de América fue tan sincero que se volvió una joya de la autocrítica ilustrada.

1716 – 1795
Charles de La Condamine
Charles de La Condamine
El jefe de la misión

El sabio francés que dirigió la Academia de Ciencias de París en la empresa. Cruzó los Andes y luego descendió el Amazonas de punta a punta, llevando a Europa las primeras noticias científicas del caucho y de la quina.

1701 – 1774