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Defensas de la civilización · 1741

Seis navíos contra ciento ochenta y seis: la Defensa de Cartagena de Indias

Un almirante cojo, tuerto y manco. Una ciudad amurallada. Y la mayor flota de invasión que había visto el mundo hasta el desembarco de Normandía. Esto fue lo que pasó entre marzo y mayo de 1741.

174112 min de lectura
Blas de Lezo
Blas de Lezo «Mediohombre» (1689–1741). Retrato del Museo Naval de Madrid: la pierna, el ojo y el brazo que le faltaban eran su hoja de servicios.
Monarquía Hispánica · Cruz de Borgoña
Monarquía Hispánica
Defensores de la plaza
hoy Colombia
6 navíos
~3.600 hombres · marina, milicias y arqueros
Al mando: Blas de Lezo · virrey Eslava
Gran Bretaña
Gran Bretaña
La Royal Navy
y tropas coloniales americanas
186 naves
~27.400 hombres · la mayor flota anfibia hasta entonces
Al mando: Almirante Vernon
Fecha
13 marzo – 20 mayo 1741
Más de dos meses de asedio
Lugar
Cartagena de Indias
Virreinato de Nueva Granada
Resultado
Victoria hispana decisiva
≈9.000 bajas británicas

La bandera británica se representa en su forma actual; la Union Jack de 1741 aún no incorporaba la cruz de San Patricio.

El origen del conflicto

En 1738, un contrabandista llamado Robert Jenkins se presentó ante el Parlamento británico con un frasco que contenía su propia oreja, cortada — según dijo — por un guardacostas español que lo había sorprendido comerciando ilegalmente en el Caribe. La indignación fue el pretexto perfecto: Londres llevaba años queriendo romper el monopolio comercial hispano en América, y en 1739 declaró la guerra. Los ingleses la llamaron «la Guerra de la Oreja de Jenkins»; los españoles, con menos teatro, «la Guerra del Asiento» — porque el fondo real era el comercio: el asiento de esclavos, el navío de permiso y, sobre todo, el contrabando masivo que la Armada española combatía.

El almirante Edward Vernon abrió la guerra tomando Portobelo (Panamá) en 1739 con solo seis navíos, y la propaganda británica lo convirtió en héroe nacional. Convencido de que el imperio español en América era un fruto maduro, Londres reunió para el siguiente golpe la mayor fuerza anfibia de la historia hasta entonces: 186 naves y unos 27.400 hombres, incluidos 4.000 reclutas de las colonias americanas al mando de Lawrence Washington — hermano mayor de George Washington. El objetivo: Cartagena de Indias, la llave del Caribe, el puerto por donde salía la plata del virreinato.

Los contendientes

Frente a esa armada, Cartagena contaba con unos 3.600 defensores: soldados de marina y del ejército, milicianos de la ciudad, 600 arqueros indígenas y las tripulaciones de seis navíos de línea: Galicia, San Felipe, San Carlos, África, Dragón y Conquistador. Al mando de la defensa naval estaba un hombre que parecía inventado por un novelista: Blas de Lezo y Olavarrieta, guipuzcoano, que había perdido la pierna izquierda a los 15 años en la batalla de Vélez-Málaga, el ojo izquierdo en Tolón y el brazo derecho en Barcelona. Sus hombres lo llamaban «Mediohombre». Con él, el virrey Sebastián de Eslava, con quien mantuvo una tensa pero eficaz colaboración.

El detalle que lo dice todo: Vernon estaba tan seguro de la victoria que Londres acuñó por adelantado medallas conmemorativas donde se veía a Blas de Lezo arrodillado entregándole su espada — un Lezo, por cierto, dibujado con las dos piernas y los dos brazos que no tenía. Cuando llegó la noticia de la derrota, hubo que retirarlas discretamente de la circulación. Hoy son piezas de coleccionista.

Lo que se jugaba en una bahía

Cartagena no era una plaza cualquiera: era la llave del Caribe, el puerto por donde salía hacia Europa la plata de todo el virreinato. Quien la tomara tendría en la mano la puerta de la América española. Por eso Londres apostó tan fuerte, y por eso el desequilibrio de fuerzas fue casi absurdo: 186 naves contra 6, unos 27.400 hombres contra 3.600 — más de siete atacantes por cada defensor. No se reuniría una fuerza de desembarco semejante hasta el día D de Normandía, dos siglos después. En sus filas iban hasta 4.000 soldados coloniales americanos al mando de Lawrence Washington, el hermano mayor de George.

Pero había un tercer ejército en la bahía que no figuraba en ningún parte: el clima. Cartagena se defendía sola con su estación de lluvias, sus mosquitos y sus fiebres. El vómito negro —la fiebre amarilla— y la disentería se cebaron en una tropa hacinada en los barcos bajo el calor del trópico, y mataron a muchos más ingleses que la pólvora: de las cerca de nueve mil bajas británicas, la mayoría no cayó combatiendo, sino ardiendo de fiebre en las bodegas. Lezo lo sabía, y su plan fue precisamente ese: no vencer de un golpe, sino hacer pagar cada metro y dejar que el tiempo y la enfermedad hicieran el resto.

El escenario: una bahía con dos puertas

Para entender la batalla hay que entender la bahía. Cartagena no se podía atacar directamente desde el mar Caribe: sus murallas y los bajos hacían suicida cualquier desembarco frontal. Había que entrar en la bahía, y la bahía tenía solo dos puertas: Bocagrande, cegada por un banco de arena impracticable para navíos de guerra, y Bocachica — «la boca pequeña» — un canal estrecho defendido por el fuerte de San Luis y baterías costeras. Superada esa puerta, aún quedaba la bahía interior, protegida por los fuertes de Castillo Grande y Manzanillo, y por último el castillo de San Felipe de Barajas, la gran fortaleza sobre el cerro que dominaba la ciudad por tierra.

Plano de asedio · 1741

Las dos bocas de la bahía y el cerro de San Felipe

De las defensas exteriores al asalto del fuerte, boca a boca. No a escala.
Defensa hispana Sitiador británico Tierra y obra Punto decisivo
Plano esquemático del asedio de Cartagena de Indias de 1741El mar Caribe al oeste, una isla barrera con dos bocas —Bocagrande al norte, cegada por un banco de arena, y Bocachica al sur, defendida por el fuerte de San Luis—, la bahía interior, la ciudad amurallada al noreste y el cerro de San Lázaro al este con el fuerte de San Felipe. La flota fuerza Bocachica, los defensores hunden sus navíos para cegar la bahía interior, el sitiador desembarca y asalta San Felipe, donde un foso detiene la escalada, y finalmente se retira.MAR CARIBEBAHÍA DE CARTAGENABOCAGRANDE · CEGADABOCACHICASan LuisCartagenaPLAZA AMURALLADASan FelipeCERRO DESAN LÁZARO~40 m~186 NAVES · ~27.400 HOMBRESNAVÍOS HUNDIDOSTRES BATERÍAS DE BRECHA123456DETALLE · MURO Y FOSOfoso ~4 m rebajadomuralla ~11 m
113 mar. — La armada aparece y bombardea las defensas exteriores; ~186 naves y ~27.400 hombres frente a ~3.600 defensores. Lezo concentra la defensa en Bocachica.
2Fin de marzo — El fuerte de San Luis, en Bocachica, resiste más de dos semanas bajo el fuego de decenas de navíos.
35 abr. — Cae Bocachica, pero Lezo hunde sus propios navíos para cegar la bahía interior: cada obstáculo cuesta días, y cada día la fiebre amarilla devora la flota.
416–19 abr. — El sitiador desembarca miles de hombres y avanza hacia el cerro; tres baterías abren brecha contra San Felipe.
5Madrugada del 20 abr. — Asalto nocturno: las escalas resultan cortas ante el foso rebajado al pie del muro — punto decisivo del sitio.
620 may. — Diezmado por el combate y la fiebre, Vernon quema barcos por falta de tripulantes y reembarca: se levanta el sitio.
Panel de fuerzas · asedio de 1741

Las cifras del sitio, cara a cara

Hombres en armasse calcula
Hispanos ~3.600
Rival ~27.400
Naves de guerrase calcula
Hispanos 6
Rival ~186
Cañones en bateríaestimado
Hispanos ~250
Rival ~2.000
Infantería regularestimado
Hispanos ~1.100
Rival ~12.600
Milicia y auxiliaresestimado · incluye 600 arqueros
Hispanos ~1.400
Rival ~4.000
Bajas al final del sitiocifra discutida
Hispanos ~800
Rival ≈9.000
7,5 : 1
Desventaja
Hombres a favor del sitiador.
~67
Días de sitio
Del 13 de marzo al 20 de mayo.
~11 m
Muralla
Altura media del frente de tierra.
~4 m
Foso de San Felipe
Rebajado durante el sitio; decide el asalto.
~40 m
Cerro de San Lázaro
Cota del fuerte sobre el mar.
≈50 %
Bajas por enfermedad
Fiebre amarilla y disentería en el sitiador.
4.000
Coloniales americanos
Reclutas al mando de L. Washington.
1741
Medallas retiradas
Acuñadas por la victoria que no fue.

Todas las cifras son estimaciones de las fuentes disponibles y se marcan con «~» o «se calcula». La mayor parte de las bajas británicas se debió a la fiebre amarilla, no al combate.

Así se desarrolló, día a día

13 de marzo de 1741

Aparece la armada

El horizonte de Cartagena se llena de velas: 186 naves. Comienza el bombardeo de las defensas exteriores. Lezo y Eslava concentran la defensa en Bocachica: obligar al enemigo a pagar cada metro.

Segunda quincena de marzo

El infierno de Bocachica

El fuerte de San Luis, diseñado para resistir días, aguanta más de dos semanas bajo el fuego de decenas de navíos. Los cuatro navíos españoles del canal se baten hasta el final; la Galicia, insignia de Lezo, pelea como batería flotante hasta caer en manos inglesas.

5 de abril

Cae Bocachica, pero la puerta se cierra

Antes de retirarse, Lezo ordena hundir sus propios navíos para cegar los canales. Vernon entra en la bahía exterior… y encuentra la entrada a la interior bloqueada por más cascos hundidos en Castillo Grande. Cada obstáculo cuesta días — y cada día, la fiebre amarilla devora la flota inglesa.

16–19 de abril

Desembarco y avance hacia San Felipe

Los ingleses desembarcan miles de hombres y avanzan hacia el castillo de San Felipe de Barajas, la última llave de la ciudad. Vernon, impaciente, ya ha enviado a Londres un mensajero anunciando la victoria.

Madrugada del 20 de abril

El asalto que decidió todo

Tres columnas atacan San Felipe de noche. Pero los zapadores de Lezo habían excavado la explanada al pie de las murallas: las escalas inglesas resultan demasiado cortas. Atrapados bajo los muros, iluminados por las antorchas, los asaltantes son barridos. Al amanecer, una contracarga a bayoneta los arroja colina abajo: cientos de muertos en horas.

20 de mayo

La retirada

Con la tropa diezmada por el combate y la fiebre amarilla — que mató a más ingleses que la pólvora —, Vernon quema varios de sus propios barcos por falta de tripulantes y pone rumbo a Jamaica. Cartagena, en pie.

Lo que estuvo en juego

Las cifras del asedio

naves británicas
hombres de la invasión
bajas británicas (combate y fiebre)
bajas de los defensores

El valor de Mediohombre y de su gente

El cuerpo de Blas de Lezo era, él solo, una hoja de servicios: había dejado la pierna izquierda en Vélez-Málaga a los quince años, el ojo en Tolón y el brazo derecho en Barcelona. Con lo que le quedaba dirigió la defensa de una ciudad contra una armada ocho veces superior, y no cedió. No buscó una batalla campal que no podía ganar: hizo hundir sus propios navíos —la Galicia, su insignia, entre ellos— para cegar los canales, y convirtió cada fuerte en una trampa que costaba semanas y cientos de muertos tomar.

El golpe maestro llegó en San Felipe de Barajas. Sus zapadores habían rebajado la explanada al pie de las murallas, de modo que las escalas inglesas del asalto nocturno quedaron demasiado cortas: los atacantes se apelotonaron indefensos bajo el muro, iluminados por las antorchas, y una contracarga a la bayoneta al amanecer los arrojó colina abajo. Pero la gesta no fue de un solo hombre. En aquellas murallas peleaban juntos soldados peninsulares, criollos cartageneros, milicianos negros y mulatos libres y seiscientos arqueros indígenas: la ciudad entera defendiendo lo suyo. No los movía la gloria, sino algo muy concreto y muy hondo —sus casas, su puerto, su rey y su fe—, y por eso aguantaron donde cualquier cálculo decía que debían rendirse.

El desenlace

Las cifras lo dicen casi todo: los británicos perdieron entre 8.000 y 10.000 hombres y decenas de naves; los defensores, unos 800. La propaganda inglesa corrió un velo sobre el desastre — las medallas de la victoria desaparecieron de las tiendas — y Vernon acabó su carrera entre polémicas. La derrota aseguró el Caribe español durante décadas: hasta el final del siglo, ninguna potencia volvió a intentar arrancarle a la Hispanidad su mar interior.

Blas de Lezo no pudo saborearlo: herido durante el sitio, murió el 7 de septiembre de 1741, sin honores y enfrentado al virrey por los partes de guerra. La historia tardó siglos en devolverle su lugar; hoy tiene estatuas en Cartagena y en Madrid, a un paso de las murallas que defendió.

Para venir a Cartagena es necesario que el rey de Inglaterra construya otra escuadra mayor, porque esta solo ha quedado para conducir carbón de Irlanda a Londres.

Blas de Lezo Respuesta atribuida al ultimátum de Vernon

Lo que sintieron

Imagínese el amanecer del 13 de marzo desde las murallas: el horizonte del Caribe cubierto de velas de punta a punta, ciento ochenta y seis barcos, la mayor flota de invasión que había visto el mundo, viniendo a por su ciudad. Los defensores eran uno por cada siete atacantes. Muchos, seguramente, dieron la plaza por perdida en aquel primer vistazo. Y aun así se quedaron en sus puestos dos meses largos, bajo el bombardeo continuo, respirando el olor dulzón de la fiebre que se llevaba también a los suyos, sin saber ningún día si el siguiente traería el asalto final.

No sabemos qué palabras se dijeron en aquellas noches de vela, pero sí lo que sintieron al final: la incredulidad de ver cómo el imperio más poderoso de la tierra quemaba sus propios barcos por falta de manos para tripularlos y ponía proa a Jamaica, derrotado. Habían ganado. La tragedia es que su jefe apenas pudo sentirlo: Blas de Lezo murió pocos meses después, herido y enfermo, enfrentado al virrey y sin un solo honor. Se fue creyéndose olvidado. Tardó siglos en tener las estatuas que hoy lo recuerdan en Cartagena y en Madrid, pero la ciudad que salvó no cayó en manos extrañas nunca más.

Por qué importa

Cartagena de Indias no fue solo una batalla: fue la prueba de que la civilización hispana de ambas orillas peleaba como una sola. Españoles peninsulares, criollos cartageneros, milicianos negros y mulatos y arqueros indígenas defendieron juntos la misma muralla. Y hay un eco curioso al otro lado: Lawrence Washington quedó tan marcado por su almirante que bautizó su hacienda de Virginia como Mount Vernon — la casa donde crecería George Washington. La historia, como siempre, estaba más conectada de lo que parece.

Y desmintió para siempre un cuento muy repetido: el de una América hispana débil, a punto de caer como fruta madura en manos de cualquiera. A Cartagena no la salvó una flota llegada de la metrópoli, sino la propia ciudad —sus criollos, sus milicianos negros y mulatos, sus arqueros indígenas— peleando por lo suyo a las órdenes de un jefe genial. Aquel Caribe no era una colonia asustada esperando amo: era ya un pueblo capaz de plantar cara al imperio más poderoso del mundo y ganarle la partida.

Quiénes estuvieron allí

Personajes destacados

Blas de Lezo
Blas de Lezo
Comandante de la defensa naval

«Mediohombre»: cojo, tuerto y manco de tres campañas. Concentró la defensa en Bocachica y hundió sus propios navíos para cegar los canales. Murió a los meses de la victoria, sin honores.

1689 – 1741
Sebastián de Eslava
Sebastián de Eslava
Virrey de Nueva Granada

El mando supremo de la plaza. Su colaboración con Lezo fue tensa pero eficaz; suya fue la responsabilidad última de una defensa que resistió más de dos meses.

1685 – 1759
Edward Vernon
Edward Vernon
Almirante británico

Reunió la mayor flota anfibia hasta Normandía y envió a Londres la noticia de una victoria que nunca llegó. La fiebre amarilla y las murallas de Cartagena acabaron con su campaña.

1684 – 1757