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Los mares de la Hispanidad · 1717–1797

El hijo del patrón de barca que llegó a almirante: Antonio Barceló

No era noble, no tenía padrinos, no había pisado una academia. Era el hijo de un modesto patrón de barca de Mallorca. Y a fuerza de valor puro, cazando piratas berberiscos uno a uno, subió todos los peldaños de la Armada hasta llegar a teniente general. Limpió el Mediterráneo de corsarios, liberó a miles de cautivos y llevó el fuego español hasta el mismísimo puerto de Argel. El pueblo lo adoró. Esta es su historia.

s. XVIII6 min de lectura
Un jabeque español navegando frente a la costa
Un jabeque español, el velero ligero y artillado con que Antonio Barceló cazaba a los piratas berberiscos. Óleo de Vilhelm Melbye (1873). Dominio público
Fecha
1717 – 1797
Guerra contra el corso berberisco
Lugar
El Mediterráneo occidental
De Mallorca a Argel y Gibraltar
Resultado
Teniente general por méritos
El azote de los piratas berberiscos

El origen de la historia

Durante siglos, las costas del Mediterráneo español vivieron con un miedo permanente: el corso berberisco. Desde Argel, Túnez y Trípoli, flotas de piratas norteafricanos asaltaban los pueblos de la costa, quemaban las barcas de pesca y, sobre todo, se llevaban gente. Hombres, mujeres y niños arrancados de sus casas para venderlos como esclavos en los mercados del norte de África. Pueblos enteros de Levante, Andalucía y las islas se despoblaron por ese terror; por eso se levantaron tantas torres vigía en la costa, y por eso el que veía una vela extraña en el horizonte corría a esconderse en el monte.

Mallorca, en medio del mar, sufría ese azote como pocas. Y de Mallorca, de una familia humilde de gente de mar, salió el hombre que iba a devolver el golpe. Antonio Barceló nació en Palma en 1717, hijo de un patrón del correo marítimo, la barca que llevaba el correo entre la isla y la península esquivando a los piratas. Ese fue su colegio: el mar, y el enemigo.

Lo que estuvo en juego

Las cifras de una carrera sin padrinos

nace en Palma de Mallorca, hijo de un patrón del correo marítimo
manda el primer gran bombardeo de Argel, guarida del corso berberisco
cautivos cristianos y barcos protegidos de la esclavitud berberisca a lo largo de su carrera
¿Dónde ocurrió?
Argel

El cazador de piratas

Barceló heredó de su padre el mando de una barca del correo y, con ella, la obligación de defenderla. Muy joven ya se batía con los jabeques berberiscos que intentaban abordar la nave del rey. Y descubrió su arma: el jabeque, un velero ligero, rápido y artillado, perfecto para perseguir a los piratas por las mismas aguas y las mismas calas en las que ellos se escondían. Barceló convirtió el jabeque en una máquina de caza y perfeccionó después las lanchas cañoneras, pequeñas y ágiles, capaces de acercarse a una costa donde un gran navío no podía entrar.

Con esas armas hizo algo que parecía imposible: llevar la guerra al terreno del enemigo. En vez de esperar a que los piratas atacaran, salió a buscarlos. Apresó decenas de sus barcos, hundió otros tantos y liberó a miles de cautivos cristianos que iban camino de los mercados de esclavos. Durante años, el Mediterráneo occidental respiró: los pescadores volvieron a sus barcas y los pueblos de la costa a dormir tranquilos. Todo aquello lo consiguió un hombre que había empezado sin más título que el de patrón de barca.

Porque lo verdaderamente extraordinario de Barceló es cómo subió. En una Armada de oficiales de cuna, donde el mando se heredaba casi con el apellido, él ascendió solo por méritos, peldaño a peldaño, hasta llegar a teniente general de la Real Armada, uno de los grados más altos. Le costó envidias y desprecios de los señoritos con galones, pero el rey y el pueblo sabían lo que valía.

Corría por Mallorca una copla que lo decía todo: «Si el rei tingués quatre com Barceló, Gibraltar seria espanyol». Si el rey tuviera cuatro hombres como Barceló, Gibraltar sería español. Rara vez un pueblo ha resumido mejor su admiración por un marino.

Argel y Gibraltar

La fama de Barceló creció aún más en sus últimos grandes servicios. En 1783 y 1784 mandó los grandes bombardeos de Argel, la capital del corso, llevando el fuego español hasta el corazón de la guarida pirata para forzarla a soltar a los cautivos y respetar las costas cristianas. Y durante el Gran Sitio de Gibraltar, cuando España intentó recuperar el Peñón de manos inglesas, fue Barceló quien dirigió el bloqueo por mar y quien ideó emplear enjambres de lanchas cañoneras contra la escuadra británica: la misma táctica ágil y audaz con la que había cazado piratas toda su vida.

El asalto a Gibraltar fracasó, pero no por él. Barceló volvió a Mallorca cubierto de prestigio y allí murió, en 1797, viejo y venerado, en la misma tierra de la que había salido siendo un chaval del correo.

Lo que sintió

Imaginemos a aquel muchacho de Palma en la cubierta de la barca del correo, viendo acercarse la vela de un pirata y sabiendo que, si perdía, acabaría encadenado en un mercado de Argel. Ese miedo concreto, el de la esclavitud, fue el motor de toda su vida. No luchó contra un enemigo abstracto: luchó contra los hombres que se llevaban a los pescadores de su isla. Cada cautivo que liberaba era alguien devuelto a su casa.

Y hay que imaginar también el otro peso que cargó: el de subir sin padrinos en un mundo de castas. Barceló sabía que muchos oficiales de cuna lo miraban por encima del hombro, que le hacían pagar caro no haber nacido señor. Y aun así siguió, ganándose cada galón en la mar y no en los salones. Cuando el pueblo le cantaba coplas, le devolvía en cariño lo que los señoritos le negaban en respeto. Murió sabiendo que su isla lo quería, y esa era la única corte cuya opinión le importaba.

Ascendió peldaño a peldaño, del correo de Mallorca al generalato, sin más recomendación que su valor. Fue el marino del pueblo.

Síntesis de la carrera de Antonio Barceló azote de los piratas berberiscos
Quiénes estuvieron allí

Personajes destacados

Antonio Barceló
Antonio Barceló
Teniente general de la Real Armada

El marino mallorquín que ascendió solo por valor y talento, sin cuna ni padrinos. Perfeccionó el jabeque de guerra y las lanchas cañoneras, y se convirtió en la pesadilla de los piratas berberiscos.

1717 – 1797

Por qué importa

Porque la historia de Antonio Barceló es la de una hazaña doble: la de un marino que devolvió la seguridad a un mar aterrorizado durante siglos, y la de un hombre humilde que rompió el techo de su cuna a fuerza de valor. Nos han contado tantas veces que el Antiguo Régimen era una jaula cerrada que olvidamos que también producía historias como esta: la de un hijo de patrón de barca que acaba mandando escuadras del rey.

Y merece recordarse por sus víctimas invisibles: los miles de hombres, mujeres y niños de las costas hispanas que no acabaron esclavos en Argel gracias a que él salía a buscar a los piratas antes de que ellos llegaran. Esa clase de heroísmo no deja grandes cuadros ni fechas redondas, pero cambia la vida de gente concreta. Barceló fue eso: el escudo de los que no tenían quien los defendiera. Por eso su pueblo lo cantó, y por eso el pueblo de seiscientos millones de almas que hoy comparte su lengua debería seguir cantándolo.