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Encuentros y hazañas · 1789–1794

El imperio que midió el mundo: la expedición Malaspina

El 30 de julio de 1789, mientras París ardía, dos corbetas gemelas zarpaban de Cádiz sin más carga que ciencia: botánicos, astrónomos, médicos y pintores. Cinco años y sesenta puertos después — de la Patagonia a Alaska, de Manila a Sídney — habían completado la mayor expedición científica que el siglo había visto. Y era española.

1789–17946 min de lectura
La corbeta Atrevida entre los hielos, por Brambila
La corbeta Atrevida entre los hielos, por Brambila
Fecha
30 jul. 1789 – 21 sep. 1794
62 meses de mar
Lugar
Tres océanos
De Cádiz a Alaska y Sídney
Resultado
El mayor retrato científico del siglo
Sesenta puertos, cientos de dibujos

El origen de la historia

En 1788, dos capitanes de fragata presentaron a la Corona un plan sin precedentes: un viaje alrededor del mundo que no buscara oro ni conquistas, sino conocimiento — cartas náuticas exactas, plantas, animales, minerales, mediciones de la gravedad y un examen honesto del estado de los propios territorios. La Armada les construyó dos corbetas gemelas ex profeso, bautizadas como una declaración de intenciones: Descubierta y Atrevida.

A bordo iba la Ilustración española en pleno: los naturalistas Antonio Pineda y Luis Née, el bohemio sabio Tadeo Haenke — que perdió el barco en Cádiz, lo persiguió hasta Montevideo, naufragó llegando, y acabó cruzando los Andes a pie para alcanzar la expedición en Chile —, y pintores como Fernando Brambila, autor de la corbeta entre hielos que preside este artículo. Hasta la despensa era ciencia: fruta fresca y disciplina sanitaria lograron lo inaudito — cinco años de mar casi sin escorbuto.

Lo que estuvo en juego

Las cifras del imperio que midió el mundo

y sesenta puertos, de la Patagonia a Alaska y Sídney
gemelas hechas ex profeso: la Descubierta y la Atrevida
de diarios y setenta cajones de colecciones a casa

La ruta

De Cádiz a la Patagonia, Alaska, Manila y Sídney: la ruta de un imperio que, en vez de conquistar el mundo, decidió medirlo.

¿Dónde ocurrió?
Cádiz

Así se desarrolló

30 de julio de 1789

Zarpan de Cádiz

Dos semanas después de la toma de la Bastilla, las corbetas salen hacia Montevideo. Mientras Europa empieza a incendiarse, España manda al mar su mejor idea de sí misma: un barco lleno de sabios.

1789 – 1790

América, palmo a palmo

Río de la Plata, Patagonia, Malvinas, el cabo de Hornos, Chile, Perú, Guayaquil, Panamá: en cada puerto se levantan cartas que la navegación usará un siglo, se herborizan miles de plantas y Pineda examina — con una franqueza que incomodará — la administración de cada provincia.

Verano de 1791

El confín de Alaska

Orden nueva de Madrid: buscar el legendario paso del Noroeste. Las corbetas suben hasta los 60 grados norte, fondean en Mulgrave y miden el gran glaciar que hoy lleva el nombre de Malaspina. El paso no existe, y demostrarlo también es ciencia.

1792 – 1793

El Pacífico entero

Acapulco, Marianas, Filipinas — meses de trabajos en Manila —, Macao, Nueva Zelanda y la joven colonia inglesa de Sídney, donde los oficiales españoles asombran a sus anfitriones con bailes, ciencia y perfecto inglés. En Vavaʻo (Tonga) cierran el último gran levantamiento.

21 de septiembre de 1794

El regreso

Doblado otra vez el cabo de Hornos, las corbetas fondean en Cádiz: 62 meses, sesenta puertos, catorce mil páginas de diarios, setenta cajones de colecciones y cientos de dibujos. Nadie había traído nunca tanto mundo a casa.

El desenlace

El final tiene la sombra que esta casa nunca esconde: Malaspina volvió convencido de que el imperio debía reformarse y lo dijo demasiado alto y demasiado cerca de Godoy. Cayó en desgracia, conoció la prisión en La Coruña y su obra monumental quedó inédita casi un siglo, hasta que la Armada la rescató en 1885. La Historia, que tiene mejor memoria que los ministros, ha puesto su nombre a un glaciar de Alaska, a un estrecho de Canadá y a los buques oceanográficos que España sigue botando. Los cuadernos tardaron cien años; la verdad, como las corbetas, acabó llegando a puerto.

La utilidad de un viaje no se mide en banderas plantadas, sino en cartas exactas, en plantas conocidas y en verdades útiles a todos los pueblos.

El plan de Malaspina y Bustamante Presentado a la Corona en 1788

Lo que sintieron

Cinco años en el mar dan para mucho silencio. Aquellos botánicos, astrónomos y pintores no iban a combatir a nadie: iban a medir, a herborizar, a dibujar, y esa misión tan serena tenía su propia dureza —la nostalgia de casa estirada a lo largo de sesenta puertos, el tedio de las singladuras interminables, y el asombro renovado cada vez que una costa nueva asomaba por la amura. Había en ellos el entusiasmo callado del que cree que conocer el mundo es una forma de servir a los hombres, no de someterlos.

Y luego está la amargura del final. Malaspina volvió convencido de que el imperio debía reformarse, lo dijo en voz alta y lo pagó con la cárcel. Cuesta no imaginar su desconcierto: haber dado la vuelta al mundo en busca de verdades útiles y encontrarse con que la verdad era justamente lo que nadie quería oír. Su obra durmió casi un siglo. Pero él ya sabía lo que sabía; y a veces el mayor coraje no es cruzar tres océanos, sino contar sin adornos lo que uno ha visto.

Por qué importa

Porque desmiente el tópico de que la ciencia moderna hablaba solo inglés o francés: la expedición más ambiciosa del siglo de Cook y Bougainville zarpó de Cádiz bajo bandera española, y sus cartas guiaron a todos los marinos — también a los ingleses — durante generaciones. En nuestro mapa, el 30 de julio se enciende Cádiz: el muelle desde donde un imperio, en vez de conquistar el mundo, decidió medirlo.

Y encierra una idea que todavía nos sorprende: que aquel imperio, en su madurez, quiso conocerse a sí mismo con honestidad. Malaspina no volvió cantando glorias, sino avisando de lo que había que reformar — y por eso lo callaron. Su historia es la de una España que ya tenía dentro la ciencia, la autocrítica y las ideas que tantas veces se le niegan; que las tuviera y las encarcelara es su tragedia, pero haberlas tenido es también parte de su verdad. Medir el mundo en lugar de conquistarlo fue, quizá, lo más moderno y lo más noble que hizo aquel siglo.

Quiénes estuvieron allí

Personajes destacados

Alejandro Malaspina
Alejandro Malaspina
Marino · jefe de la expedición

Marino de origen italiano al servicio de España —como Colón, como Spínola—, ideó un viaje alrededor del mundo que no buscara oro, sino conocimiento. Volvió pidiendo reformar el imperio, lo dijo demasiado alto y acabó en prisión. La Historia le dio un glaciar y la razón.

1754 – 1810
Tadeo Haenke
Tadeo Haenke
Naturalista de la expedición

El sabio bohemio perdió el barco en Cádiz, lo persiguió hasta Montevideo, naufragó al llegar y acabó cruzando los Andes a pie para alcanzar la expedición en Chile. No hubo obstáculo que lo apartara de la ciencia.

1761 – 1816
José de Bustamante
José de Bustamante
Comandante de la Atrevida

Coautor del plan y comandante de la corbeta gemela. Llevó la Atrevida por tres océanos sin apenas escorbuto, gracias a una disciplina sanitaria adelantada a su tiempo. Fue después gobernador y marino de larga hoja de servicios.

1759 – 1825