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Encuentros y hazañas · 1926

Un puente en el cielo: el vuelo del Plus Ultra

En 1926, volar el Atlántico era casi un suicidio: pocos lo habían logrado y muchos habían muerto en el intento. Cuatro españoles a bordo de un pequeño hidroavión, el Plus Ultra, decidieron unir por el aire España y América. Despegaron de Palos —el mismo puerto del que zarpó Colón— y, salto a salto sobre el océano, llegaron a Buenos Aires. Medio continente salió a recibirlos: no veían llegar una máquina, sino un abrazo de la vieja patria a través del cielo.

19268 min de lectura
El hidroavión Plus Ultra
El hidroavión Plus Ultra, que en 1926 unió por primera vez España y Sudamérica por el aire, de Palos a Buenos Aires.
Fecha
22 de enero – 10 de febrero de 1926
Casi tres semanas de saltos
Lugar
De Palos a Buenos Aires
Más de 10.000 km sobre el mar
Resultado
Primer vuelo España–Sudamérica
Un puente entre dos orillas

El origen de la historia

En los años veinte, la aviación era joven y temeraria, y cruzar el Atlántico en avión era una de las grandes proezas pendientes: un desafío en el que se jugaban la vida los pilotos más audaces del mundo. España quiso estar en esa carrera, pero con un sentido distinto: no volar por volar, sino tender un puente con América. El objetivo no era una capital cualquiera, sino Buenos Aires — el corazón de la Hispanidad al otro lado del mar.

Para la empresa se eligió un hidroavión italiano de fabricación robusta, bautizado con el viejo lema de España: Plus Ultra, «más allá». Lo tripularían cuatro hombres: el comandante Ramón Franco, el capitán Julio Ruiz de Alda, el teniente de navío Juan Manuel Durán y el mecánico Pablo Rada. Y para la salida se escogió, con toda intención, un lugar cargado de símbolo: Palos de la Frontera, el puerto de Huelva del que había zarpado Colón en 1492. La historia se repetía, ahora por el aire.

El cielo, la nueva frontera

Para entender el mérito hay que recordar cómo era volar en 1926. La aviación tenía poco más de veinte años y cruzar un océano en avión era la gran proeza pendiente del planeta: pocos lo habían logrado y muchos habían muerto ahogados en el intento. Baste un dato para medirlo: el famoso vuelo en solitario de Lindbergh entre Nueva York y París, que dio la vuelta al mundo, fue un año posterior al del Plus Ultra. Cuando estos cuatro españoles despegaron, estaban en la primerísima línea de la aventura humana.

El aparato era un hidroavión Dornier Wal («ballena»), de casco robusto y dos motores en tándem. La ruta sumó más de 10.000 kilómetros repartidos en varios saltos —Canarias, Cabo Verde, Fernando de Noronha, Pernambuco, Río de Janeiro, Montevideo— y unas 59 horas de vuelo reales. Y todo ello sin radar, sin GPS y casi sin ayudas: el navegante calculaba la posición con un sextante y las estrellas, sobre un océano donde equivocarse por unos grados significaba caer al agua sin que nadie lo supiera jamás.
Lo que estuvo en juego

Las cifras de un puente en el cielo

de saltos sobre el océano, guiándose por las estrellas
y un hidroavión con nombre de desafío: «más allá»
el puerto de Colón, Palos, elegido a propósito para partir

El escenario, sobre el mapa real

Del muelle de Colón, en Palos, al Río de la Plata, saltando de isla en isla sobre el Atlántico: el mismo camino de 1492, ahora dibujado en el cielo.

¿Dónde ocurrió?
Buenos Aires

Así se desarrolló

22 de enero de 1926

Despegue de Palos

El Plus Ultra amara en las aguas del Tinto, junto al mismo muelle de Colón, y despega rumbo al sur. Empieza una travesía de más de 10.000 kilómetros hecha de saltos peligrosísimos sobre el océano.

Los saltos del Atlántico

De isla en isla

Canarias, Cabo Verde… y luego el salto más temido: la inmensidad del Atlántico sur hasta las costas del Brasil. Cargados de combustible al límite, con el mar siempre debajo y sin apenas ayudas a la navegación, los cuatro hombres cruzan el océano guiándose por las estrellas y el instinto.

Brasil y Uruguay

América a la vista

Tras tocar tierra americana en Fernando de Noronha y Pernambuco, el Plus Ultra remonta la costa: Río de Janeiro, Montevideo… En cada escala, multitudes enfervorizadas salen a aclamarlos. La noticia de que «vienen volando desde España» electriza al continente.

10 de febrero de 1926

Amerizaje en Buenos Aires

El Plus Ultra amara en el Río de la Plata ante una multitud inmensa. Buenos Aires se paraliza. No reciben a unos aviadores extranjeros: reciben, con lágrimas, un gesto de la patria de origen que ha cruzado el cielo para abrazarlos. El avión sería regalado después a la Argentina.

El valor de saltar al vacío

El heroísmo del Plus Ultra no fue un instante, sino cada uno de sus saltos sobre el mar. En aquellos aparatos, una avería del motor sobre el océano no era una emergencia: era una sentencia. El más temido de todos los tramos fue el de Cabo Verde a Fernando de Noronha, más de dos mil kilómetros de agua abierta a plena carga de combustible, en el límite de la autonomía, sin una sola isla donde refugiarse si algo fallaba. Cruzarlo guiándose por las estrellas, confiando la vida al cálculo del navegante y a las manos del mecánico que mantenía el motor vivo, exigía una sangre fría difícil de imaginar.

Y lo hicieron por algo más que por batir una marca. Podrían haber elegido cualquier capital del mundo para su hazaña; eligieron Buenos Aires, y partieron de Palos, el puerto de Colón, a propósito. No volaban por volar: volaban para tender un puente con América, para demostrar que el océano que las independencias parecían haber ensanchado podía cruzarse en poco más de una semana. Aquellos cuatro hombres se jugaron la vida al servicio de una idea generosa —que España y América seguían siendo una sola familia—, y por eso su audacia se sintió, a las dos orillas, como algo de todos.

El desenlace

El vuelo del Plus Ultra fue una de las mayores hazañas aeronáuticas de su tiempo y un triunfo técnico español. Pero su significado desbordó de largo lo deportivo: se vivió, a los dos lados del mar, como un reencuentro. En plena época en que las jóvenes repúblicas americanas y la vieja España buscaban rehacer sus lazos rotos por las independencias, aquel hidroavión demostró que el océano ya no separaba: podía cruzarse en poco más de una semana. El Plus Ultra se conserva hoy en un museo de Buenos Aires, regalo de España a la Argentina, como lo que fue: un puente hecho monumento.

No traíamos otra cosa que el saludo de España a sus hijos de América — y nos lo devolvieron multiplicado por un continente entero.

Conciencia Hispana Síntesis del sentir de la tripulación del Plus Ultra

Lo que sintieron

Imaginemos a aquellos cuatro hombres sobre el Atlántico sur, hora tras hora, con el rugido del motor por toda compañía y el mar infinito debajo. El miedo tuvo que ser un pasajero más en la cabina: el de saber que una biela rota, una tormenta o un error de cálculo los dejaría flotando en mitad de la nada. Y sin embargo, cuando por fin asomaba en el horizonte la mancha verde de una costa americana, ese miedo debía de fundirse de golpe en una alegría inmensa —la de seguir vivos y la de estar tocando, con las ruedas, la otra orilla de su propia lengua—.

Pero lo que ninguno de ellos esperaba fue lo que encontraron al llegar. En cada escala americana, y sobre todo en el Río de la Plata, salieron a recibirlos multitudes que lloraban. No aclamaban una máquina ni una potencia extranjera: celebraban que la vieja patria había cruzado el cielo para abrazarlos. Aquellos aviadores despegaron creyendo que iban a batir una proeza técnica y aterrizaron descubriendo que habían tocado algo mucho más hondo: el cariño intacto de una familia separada por el océano. Debieron de sentir, abrumados por el gentío, que su pequeño hidroavión se había convertido, sin buscarlo, en un abrazo de un continente entero.

Por qué importa

Porque el Plus Ultra es la versión del siglo XX de la carabela: la prueba de que cada época encuentra su manera de volver a unir las dos orillas de la Hispanidad. Colón lo hizo a vela en dos meses; estos cuatro hombres, por el aire, en poco más de una semana. En nuestro mapa, la ruta enciende el arco que va de Palos a Buenos Aires: el mismo camino de siempre, ahora dibujado en el cielo.

Y encierra algo que sigue siendo verdad hoy: que entre España y América hay un cariño que no necesita política ni tratados para expresarse, y que estalla en cuanto se le da ocasión. Aquellas multitudes que lloraban en el Río de la Plata no aclamaban a una potencia ni a un gobierno: celebraban que la familia, separada por el océano y por la historia, seguía siendo familia. El lema del avión lo decía todo: Plus Ultra, «más allá» — las palabras que España se puso a sí misma al descubrir que el mundo no acababa en el mar. Aquellos cuatro aviadores las cumplieron una vez más, demostrando que, mientras haya quien se atreva a cruzar, ninguna distancia podrá separar de verdad a los que comparten una lengua y una historia. El puente que tendieron sigue en pie: hoy lo cruzan cada día miles de aviones, pero el primero lo abrió la audacia de cuatro hombres y un hidroavión con nombre de desafío.

Quiénes estuvieron allí

Personajes destacados

Ramón Franco
Ramón Franco
Comandante del Plus Ultra

Aviador audaz, jefe de la expedición. Eligió Palos —el puerto de Colón— para partir y llevó el hidroavión salto a salto hasta el Río de la Plata. La travesía lo convirtió en un héroe popular a los dos lados del Atlántico.

1896 – 1938
Julio Ruiz de Alda
Julio Ruiz de Alda
Capitán y navegante

El navegante de la expedición: quien, sin apenas ayudas, calculó la ruta sobre la inmensidad del Atlántico sur guiándose por las estrellas. Sin su cálculo, el salto más temido del viaje habría sido imposible.

1897 – 1936
Juan Manuel Durán
Juan Manuel Durán
Teniente de navío · cuarto tripulante

El oficial de la Armada que completaba la tripulación del Plus Ultra y ayudaba en la navegación sobre el océano. Pocos meses después de la gloria del vuelo moriría en el mar, en un accidente de hidroavión: dio la vida en el mismo cielo que había ayudado a conquistar para la Hispanidad.

1890 – 1926
Pablo Rada
Pablo Rada
El mecánico

El mecánico de a bordo, que mantuvo el motor vivo sobre el océano donde una avería significaba la muerte. Humilde y querido, se convirtió en el favorito de las multitudes que aclamaron al Plus Ultra en cada escala americana.

1901 – 1969