Contexto histórico
De la Hispania romana, la Sefarad judía y Al-Ándalus brotó una cultura de tres credos que, tras 1492, cruzó el océano y se volvió universal. España no fue nunca un Estado unitario, sino una monarquía compuesta de reinos —Castilla, Aragón, Navarra— que compartían corona; esa lógica plural viajó a América en forma de virreinatos y audiencias.
Hoy España no es una metrópoli, sino la orilla europea de una familia repartida por cuatro continentes. Dejó de mandar hace dos siglos, pero le regaló al mundo el idioma en que hoy sueñan y discuten seiscientos millones de personas: su mayor obra no fue un imperio, sino una lengua que ya no le pertenece a ella sola.
Independencia: No aplica: es el origen.
Sistema de gobierno
Monarquía parlamentaria, según la Constitución de 1978. El Rey es jefe de Estado con funciones sobre todo representativas y arbitrales; el poder efectivo reside en unas Cortes elegidas por sufragio y en un presidente del Gobierno responsable ante ellas. Tras la dictadura, la Transición convirtió a España en una de las democracias consolidadas de Europa y en un Estado profundamente descentralizado en comunidades autónomas.
Personajes que lo marcaron
La población, siglo a siglo
| Época | Habitantes | Apunte |
|---|---|---|
| En el Siglo de Oro (≈ 1600) | ≈ 8,5 millones | El corazón de un imperio que abarcaba medio planeta. |
| En 1900 | ≈ 18,6 millones | Un país rural que empezaba a mirar a Europa. |
| Hoy | 48,8 millones | Uno de cada diez habitantes es de origen extranjero, muchos hispanoamericanos que regresan a la raíz. |
La economía: antes y después de la independencia
En el Siglo de Oro, la plata de América convirtió a la Monarquía en la primera potencia global, pero también en la primera en descubrir que el oro no basta: entre 1557 y 1662 la Corona suspendió pagos hasta seis veces, arruinada por sus propias guerras. Fue, en cierto modo, la primera lección de deuda soberana de la historia moderna.
Tras la pérdida de las colonias, el siglo XIX español fue de atraso y endeudamiento; solo con la industrialización tardía y, sobre todo, con la entrada en Europa (1986) España alcanzó la prosperidad actual. Su deuda pública ronda hoy el 105 % del PIB —herencia de la crisis de 2008—, alta pero sostenida por una economía diversificada y de servicios.

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